Hay rincones que se disfrutan mĂĄs cuando se descubren al ritmo de los pedales, y la regiĂłn de Occitania es, sin duda, uno de ellos. En esta nueva ruta de bikepacking nos proponemos un viaje que combina tramos histĂłricos muy reconocidos, la paz del entorno rural y el encanto de la media montaña antes de alcanzar la gran joya de la corona: AlbĂ, la mĂtica ciudad roja.
Con inicio y final en Castelnaudary, esta ruta circular de 208 kilĂłmetros recorre el corazĂłn de Occitania por carreteras secundarias con muy poco trĂĄfico, vĂas verdes y algĂșn tramo de pista, por lo que no es apta para bicicletas de carretera. El recorrido presenta una dificultad media debido a los continuos repechos del Lauragais, especialmente en las dos primeras etapas. Aunque atraviesa diversas localidades, no siempre resulta fĂĄcil encontrar lugares donde abastecerse de agua o alimentos, especialmente fuera de la temporada alta, por lo que es recomendable planificar bien cada etapa y salir con suficiente provisiĂłn. Al tratarse de una ruta circular, la logĂstica es muy sencilla, ya que permite dejar el vehĂculo en Castelnaudary y regresar al mismo punto tras completar un itinerario que combina naturaleza, patrimonio, gastronomĂa y algunas de las ciudades y pueblos mĂĄs bonitos de Occitania.
A lo largo de este recorrido pasaremos por lugares cargados de mucha cultura e historia.
Las etapas:
Etapa 1: Castelnaudary a Lavaur.
El recorrido arranca en Castelnaudary, un punto de partida que nos resulta sumamente familiar y que siempre nos recibe con esa atmĂłsfera ciclista tan especial. Los primeros kilĂłmetros nos llevan en direcciĂłn a Souilhanels a lo largo del Canal del Midi, un viejo conocido por nosotros. Pedalear bajo la sombra de sus plĂĄtanos centenarios a la orilla del agua es siempre el calentamiento perfecto: llano, fluido y con ese magnetismo que solo el Midi sabe transmitir.
Pero si hay algo que transformĂł y enriqueciĂł la fisonomĂa de Lavaur, fue su glorioso pasado textil.
A partir del siglo XIV, esta zona de Occitania âcomprendida en el triĂĄngulo entre Albi, Toulouse y Carcassonneâ se convirtiĂł en una de las regiones mĂĄs prĂłsperas de Europa gracias al cultivo del pastel (Isatis tinctoria). De las hojas de esta planta, mediante un laborioso proceso de triturado y fermentaciĂłn, se obtenĂan unas bolas compactas llamadas cocagnes (de donde viene la expresiĂłn «PaĂs de Jauja» o Pays de Cocagne).
MĂĄs tarde, hacia el siglo XVIII, la ciudad supo reinventarse abrazando otra fibra de lujo: la seda. Las orillas del rĂo se llenaron de plantaciones de moreras para alimentar a los gusanos de seda, y la fisonomĂa de la ciudad se transformĂł con la llegada de hilanderĂas artesanales y talleres de tejedurĂa.
Pedalear hoy por sus calles, contemplando los entramados de madera de las casas medievales o la majestuosidad de la Catedral de San Alan, cobra otro sentido cuando imaginas el bullicio de los antiguos tintoreros y el compås de las lanzaderas que antaño marcaban el ritmo de este rincón occitano.
Etapa 2: Lavaur a AlbĂ.
Tras reponer fuerzas con el fantĂĄstico desayuno en el hotel Ibis de Lavaur, volvemos a cargar las bolsas de bikepacking en las bicicletas con las primeras luces de la mañana. Por delante nos espera una jornada cargada de autenticidad, de esas que solo se encuentran cuando te desvĂas de las rutas turĂsticas principales y te dejas llevar por las carreteras locales.
AdemĂĄs, en Briatexte âal igual que en casi todos los pequeños pueblos franceses que salpican nuestra rutaâ nos detenemos ante el monumento en recuerdo a los caĂdos en las guerras mundiales. Resulta sobrecogedor comprobar cĂłmo incluso las comunas mĂĄs pequeñas conservan un respeto tan profundo y solemne por su historia y por sus vecinos ausentes, un recordatorio de piedra que añade una dimensiĂłn de memoria al paisaje que recorremos.
Y entonces, tras coronar una Ășltima loma, el horizonte cambia. A lo lejos, las siluetas de ladrillo comienzan a recortarse contra el cielo. Hemos llegado. AlbĂ nos recibe con los brazos abiertos.
Breve historia de AlbĂ:
Para entender el impacto visual de AlbĂ, hay que mirar atrĂĄs en el tiempo. El caracterĂstico color rojizo que envuelve toda la ciudad proviene del uso masivo del ladrillo forain, un material local fabricado con la arcilla del propio rĂo Tarn. Pero este color va mĂĄs allĂĄ de la arquitectura; es casi un sĂmbolo de su propia historia, marcada a fuego por la Cruzada Albigense en el siglo XIII.
El Museo Toulouse-Lautrec: El regreso del hijo prĂłdigo.
Es precisamente dentro de los muros del Palacio de la Berbie donde se esconde una parada obligatoria en AlbĂ: el Museo Toulouse-Lautrec.
Henri de Toulouse-Lautrec, uno de los pintores postimpresionistas mĂĄs fascinantes del siglo XIX, naciĂł aquĂ, en el seno de una de las familias aristocrĂĄticas mĂĄs antiguas de AlbĂ. A pesar de sus problemas de salud y sus fracturas Ăłseas, que detuvieron el crecimiento de sus piernas, Henri desarrollĂł un talento descomunal para el dibujo y la pintura, trasladĂĄndose muy joven a ParĂs.
AllĂ se convirtiĂł en el cronista oficial de la noche de Montmartre. Con un estilo satĂrico, moderno y un dominio absoluto del cartelismo, plasmĂł como nadie el alma del Moulin Rouge, los burdeles, los teatros y la bohemia parisina de la Belle Ăpoque.
Una parada imprescindible en AlbĂ: El universo de Toulouse-Lautrec.
Despedirse de AlbĂ por la mañana, con los primeros rayos de sol reflejĂĄndose en el ladrillo de la catedral, es una de esas imĂĄgenes que justifican cada viaje. Volvemos a ajustar las bolsas de bikepacking y ponemos rumbo al sur, listos para cruzar el corazĂłn geogrĂĄfico del departamento del Tarn. Por delante nos espera una jornada de contrastes: de la campiña exigente al disfrute absoluto de una de las vĂas verdes mĂĄs bonitas de la regiĂłn.
Albi desde la ribera del rĂo Tarn, con el Pont Vieux y el casco histĂłrico dominando el paisaje.
Salimos de Albi en direcciĂłn a Puygouzon, un arranque que nos sirve para calentar las piernas antes de adentrarnos en las carreteras mĂĄs tranquilas. El relieve no tarda en recordar la tĂłnica de las jornadas anteriores, y pronto nos encontramos rodando hacia Lombers, una pequeña comuna con un pasado medieval fascinante (ÂĄllegĂł a ser un bastiĂłn cĂĄtaro importantĂsimo!). Rodar por aquĂ, entre campos que cambian de color segĂșn la estaciĂłn, es puro disfrute ciclista.
El camino continĂșa picando hacia arriba de forma sutil pero constante en direcciĂłn a Saint-Genest-de-Contest. Las carreteras secundarias vuelven a ser nuestras mejores aliadas: seguras, sin apenas trĂĄfico y rodeadas de horizontes abiertos.
Y entonces, recortĂĄndose en lo alto de una colina, aparece el plato fuerte del dĂa: Lautrec.
Lautrec: El hogar del «oro rosa» y los molinos de viento.
Tras dejar atrĂĄs el encanto de Lautrec, llega el momento de cambiar de chip y de terreno. Para afrontar el Ășltimo tramo del dĂa hacia Castres, nos incorporamos a la VĂa Verde (Velo-route) de Albi a Castres, bautizada oficialmente como «Le Chemin des Droits de l’Homme».
KilĂłmetros de calma sobre Le Chemin des Droits de l’Homme, la vĂa verde que une Albi y Castres.
Casi sin darnos cuenta, el Chemin des Droits de l’Homme nos deja en las puertas de Castres.
Haber llegado a Castres pedaleando por la vĂa verde nos deja directamente ante su estampa mĂĄs famosa: las casas de los antiguos curtidores y tejedores que cuelgan sobre el rĂo Agout. Esta estampa no es casualidad; desde la Edad Media, Castres fue un nĂșcleo comercial vibrante gracias al agua del rĂo, fundamental para las industrias del cuero y del paño que enriquecieron a la ciudad durante siglos.
Pero mĂĄs allĂĄ de su fisonomĂa fluvial y de su pasado textil, Castres guarda un secreto cultural que la conecta de forma directa y profunda con España: el Museo Goya.
El Museo Goya: El gran bastiĂłn del arte hispĂĄnico en Francia.
Todo gran viaje circular guarda para el final la nostalgia de la despedida y la satisfacciĂłn de los kilĂłmetros vencidos. Tras disfrutar de la luz de Castres y del arte de Goya, ajustamos por Ășltima vez nuestras bolsas de bikepacking. Por delante, la jornada de regreso a Castelnaudary nos propone un viaje de transiciĂłn paisajĂstica espectacular, rodando a la sombra de la mĂtica Montaña Negra antes de sumergirnos de nuevo en el corazĂłn del Lauragais.
Callejeando por Castres a primera hora de la mañana.
Y entonces, tras un rodar fluido y rĂtmico, llegamos a uno de los grandes atractivos de la jornada: Revel.
Revel: Madera, historia y el mercado de las tentaciones.
Fundada en el siglo XIV como una bastida real, Revel es una parada obligatoria para cualquier viajero. Su joya indiscutible es la plaza central, presidida por un impresionante mercado cubierto (halle) medieval, uno de los mĂĄs grandes y antiguos de Francia, sostenido por decenas de pilares de madera y coronado por una torre del reloj. Si tienes la suerte de pasar un sĂĄbado por la mañana, te encontrarĂĄs con uno de los mercados mĂĄs vibrantes y coloridos de todo el paĂs, ideal para avituallarse con quesos locales, embutidos y reposterĂa artesanal.
Soupex guarda un curioso vestigio del pasado: Una escuela con accesos separados para niñas y niños.
Los Ășltimos kilĂłmetros son un homenaje al inicio del viaje. El terreno se suaviza por completo y el horizonte nos devuelve la silueta conocida de Castelnaudary. Entrar de nuevo en la ciudad que nos vio partir dĂas atrĂĄs, ver el reflejo del agua de su Gran Cuenca (Grand Bassin) y saber que hemos completado este magnĂfico lazo occitano es una sensaciĂłn indescriptible.
Hemos acumulado repechos rompepiernas, hemos fluido por vĂas verdes memorables, nos hemos empapado del ladrillo rojo de Albi, de las telas de Lavaur y del arte de Castres. Ponemos pie a tierra, descolgamos las bolsas de las bicicletas y, con una sonrisa de oreja a oreja, empezamos a soñar con el prĂłximo destino. ÂĄPorque las ruedas de Pedaleando el Mundo nunca se quedan quietas!
Alojamientos:
Nuestro refugio en Lavaur: Un hotel con mucha historia (y mucho hilo)
El edificio en sĂ es pura historia viva de la ciudad. Muros de ladrillo visto locales que antaño albergaron una antigua hilanderĂa de seda, una explotaciĂłn de gusanos de seda y, tras la Primera Guerra Mundial, incluso una fĂĄbrica de zapatillas (pantoufles). Cruzar su umbral es conectar directamente con ese pasado textil del que os hablĂĄbamos.
Para nosotros, los bikepackers, encontrar un espacio tan confortable, con parking seguro para las bicicletas y rodeado de un diseño que rinde homenaje a los antiguos artesanos locales, fue el broche de oro para cerrar el dĂa.
El hotel ofrece habitaciones modernas y confortables, un completo desayuno buffet para comenzar el dĂa con energĂa y, algo imprescindible para cualquier cicloturista, un espacio seguro y cerrado donde guardar las bicicletas. Una elecciĂłn prĂĄctica, cĂłmoda y perfectamente situada para descubrir una de las ciudades mĂĄs bellas de Occitania.
Hotel Europa Castres: Una noche entre patios histĂłricos y calles con alma.
Para quienes recorremos el mundo en bicicleta, el hotel reĂșne todo lo que buscamos al final de cada etapa: habitaciones amplias y cĂłmodas, un trato cercano y exquisito, un excelente desayuno para afrontar una nueva jornada y, algo fundamental, un espacio seguro donde guardar las bicicletas con total tranquilidad. Un alojamiento con personalidad, historia y encanto que convierte el final del dĂa en una experiencia tan agradable como el propio camino.