Ruta de 3 días en gravel y 285 kilómetros a través de las diferentes comarcas de la provincia de Girona.

Después de año y medio sin salir de viaje y aun con algunas restricciones, lo que más nos apetecía era salir con las bicicletas y hacer alguna escapada en bikepacking, pero siendo prudentes, no muy lejos de casa, por lugares poco transitados y alojándonos en hoteles.

La provincia de Girona dispone de buenas carreteras secundarias e incluso de una fantástica vía verde por lo que el viaje no tiene ninguna dificultad. Y al hacerlo con las Gravel, incluso se le puede poner un poco de “pimienta” a la ruta, y adentrase por algún camino más “salvaje”.

Después de año y medio sin salir de viaje, lo que más nos apetecía era salir con las bicicletas

Día 1.- 82 km desde el Baix al Alt Empordà

Salimos de Sant Antoni de Calonge con un tiempo inestable, y a los pocos minutos empezó a lloviznar. No le dimos mayor importancia y seguimos con la ruta, aunque decidimos hacer una parada en el precioso pueblo de Palamós, tomar un café y ver si esa lluvia molesta paraba. No fue así y entonces, decidimos que nos la llevábamos con nosotros.

Unos 20 kilómetros después, llegando al bonito pueblo de Pals, ya clareaba, y el cielo nos regaló unas nubes preciosas que dejaban entrever el azul, haciendo que paráramos a tomar nuestras primeras fotografías. El Montgrí de fondo y  Pals, hicieron el resto.

Bicicletas preparadas

Pals es uno de los muchos pueblos medievales que hay en el Empordà, con un casco antiguo bien conservado y mucha historia, unas casas espectaculares, reformadas y casi todas, de segundas residencias. Sin duda, merece la pena pararse y dar un paseo por sus calles. También dispone de un pequeño macizo, el Quermany desde el que se puede tener una amplia visión del pueblo, y de sus campos de arroz. Un producto gastronómico muy preciado en la cocina de Pals, y como no… su playa. Pese a ser un pueblo interior, dispone de una amplia playa con vistas a las Islas Medes.

Pero sigamos con la ruta…

Sin duda, podría pasarme horas hablando de todos los pueblos que cruzamos, a cuál más bonito y pintoresco, pero os lo dejo a vuestro propio descubrimiento. Solo deciros que nos os dejarán indiferentes.

La siguiente parada que hicimos ya fue en L’Escala. Era la hora de comer y aunque normalmente en ruta no hacemos grandes comidas, este día nos decidimos por un menú de tapas muy completo en un restaurante que os recomiendo, el 1860. No os podéis perder el tiramisú de postre, ¡IMPRESIONANTE!

 

L’Escala es otro de los municipios que os recomiendo visitar si estáis por la Costa Brava. Dispone de dos núcleos bien diferenciados; uno donde se mantiene la esencia del pequeño pueblo pescador que fue y producto de esta tradición habréis oído hablar de las “Anxoves de L’Escala”. Y el otro, la zona más turística y nueva, de apartamentos de segundas residencias. Os animo a que visitéis su pequeño cementerio de pescadores, las calles del centro, y alguna de sus pequeñas playas. Y si podéis coincidir con su famosa Festa de la Sal, quedaréis maravillados con la representación de cómo era la vida aquí y la influencia pesquera en el municipio.

Después de la fantástica comida, toca tomar unas fotografías. Alfons y yo seguimos hacia el destino. Ahora ya hacía un calor de justicia, aunque también hay que decir, un viento un poco molesto, ya que como siempre, lo teníamos de cara.

La ruta continua por pequeños pueblos y esta vez, al desviarse la ruta hacia la costa, el paisaje cambia de la piedra medieval a las casas blancas y pequeños puertos tanto pesqueros como recreativos. La siguiente parada ya fue Rosas, nuestro destino.

Aquí nos alojamos en el hotel Montmar, muy recomendable. Es un hotel a pocos minutos del centro, moderno y con un personal muy amable. Importante decir que disponen de un lugar para guardar las bicicletas. Y el desayuno, tipo buffet abundante en cuanto a variedad y calidad.

Para cenar, nos decidimos por una pizzería en el paseo marítimo, La Dolce Vita. Hacia una buena temperatura y así podíamos dar un paseo después de cenar, mientras regresábamos al hotel, que como he dicho, estaba muy cerca.

Día 2.- 89 km Separan el Alt Empordà de La Garrotxa, pasando por El Pla de l’Estany

El sábado nos levantamos temprano y el día amanecía nublado pero sin rastro de lluvia. Y así iba a ser, horas más tarde el termómetro se puso en 33 grados, ¡que para ser mayo no es poco! Pero vayamos paso a paso…

Salimos dirección a Figueres. Si vais con tiempo podéis dar un paseo por sus calles peatonales, comercios e incluso visitar el Museo Dalí (tened en cuenta de reservar a través de su web).

Nosotros seguimos y unos kilómetros más tarde pararíamos en Ordis a tomar un café. Después de unas cuestas increíbles atravesando un bosque con saltos de agua incluidos, llegamos a Banyoles. Seguramente lo conocéis por su lago, L’Estany de Banyoles. Os recomiendo hacer la vuelta al lago, ya sea en bici o caminando.

Es un itinerario de unos 8 kilómetros. Descubriréis pequeños parques con pasarelas sobre el lago y en su lado más cercano a la población, las encantadoras casas pesqueras que antiguamente eran pasarelas y evolucionaron a pequeñas casas usadas para pescar, como su nombre indica. Esta vez no nos acercamos a él, nos quedamos la Plaza Mayor para tomar un refresco y un pequeño bocadillo. Pasear por el casco antiguo de Banyoles también es muy agradable.

Y un rico helado más tarde…

 

 

Para no alargar ya que el calor nos tenía un poco agobiados (Sí, si…aquí teníamos los 33 que os he comentado antes) decidimos no demorarnos y salir en dirección a Olot. Escogimos la carretera de Banyoles a Sta. Pau, preciosa, poco transitada pero eso sí, con un desnivel importante.

Esa noche escogimos un restaurante japonés para cenar muy bueno, WABI SABI.

 

 

 

Día 3.-105 km Desde La Garrotxa al Baix Empordà, atravesando Gironés i La Selva

El último de día de ruta es muy fácil ya que es todo vía verde. No hay pérdida y desde Olot hasta casi Girona, es todo bajada, cosa que después de los dos días anteriores y los kilómetros que teníamos por delante hoy, se agradeció.

 

 

Como podéis ver en los títulos de cada etapa, la ruta cruza casi todas las comarcas de la provincia de Girona, cada una con su encanto y tan diferente entre ellas.

En Girona tenéis que perderos por su casco antiguo, hacer una parada delante de la imponente Catedral de Girona, disfrutar de alguna de sus cafeterías ciclistas, probar el delicioso “Xuxo de Girona”.

También encontraréis heladerías buenísimas en plena Rambla con unas vistas espectaculares del rio Onyar y sus múltiples puentes.

 

 

 

Dejamos Girona y seguimos las indicaciones de la Via Verda, muy fácil y en la que ya dejamos la ciudad y volvemos a pasar por numerosos pueblos, esta vez a través de campos de maíz de Cassà de la Selva, Llagostera, más tarde vienen Santa Cristina de Aro y así hasta llegar de nuevo a la costa, y totalmente turístico, Sant Antoni de Calonge, nuestro punto de partida 3 días antes.

Como podéis ver en los títulos de cada etapa, la ruta cruza casi todas las comarcas de la provincia de Girona

 


 


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